De cine. Los adioses.


Alerta de spoilers, si no la han visto abstenerse de continuar leyendo.

Con mucho anhelo esperé el estreno de esta película. Soy fan de la obra de Rosario Castellanos, de ella he leído mayormente su narrativa, un par de biografías y su Mujer que sabe latín (que es una maravilla). De modo que tras las críticas a favor de la película, era de esperarse que llegado el estreno corriera a verla.

Hay una aclaración pertinente al inicio de la película que no hay que olvidar. Son hechos ficticios respecto de la relación entre Rosario Castellanos y Ricardo Guerra. Esta advertencia es como las letras chiquitas en los contratos o las compras y no hay que olvidarlo, es la interpretación de la directora de una relación de pareja.

Empezaré con los aciertos: La caracterización de Karina Gidi. Cuando se cuenta la vida de una persona es importante no hacer una imitación y creo que logra su cometido. Otro acierto es la escena de la lámpara en Tel Aviv, es bastante bien lograda aunque no acaba de cuajar, adelanta lo que sabremos sucederá pero corta antes de ello.

Por otra parte, la actuación de Daniel Giménez Cacho es más de lo mismo, la continuidad de otros personajes, el patán seductor de Arráncame la vida o el asesino de Profundo carmesí. Creo que cumple pero no da más allá, lo cual no estoy segura sea un error de actuación o defecto del guion, pues la misma trama no nuestra adecuadamente a esta pareja de altos vuelos. Nos muestra a una Rosario Castellanos necesitada y adicta a los tranquilizantes, cosa que para nada hacer justicia a la autora de Balún Canán. En la película pareciera siempre buscando la atención de Ricardo y Ricardo un patanazo de aquellos.

Dicen los que saben, que en la vida real Rosario era una mujer impactante, que cuando comenzaba a hablar las personas la rodeaban para escucharla. Nada de eso se muestra aquí y me parece es uno de los errores principales. También el personaje de Ricardo Guerra no nos muestra a ese hombre avasallador, filósofo hegeliano, discípulo de Xirau, compañero de Leopoldo Zea, que trajo a México a los filósofos alemanes más importantes de la época y que enamoró a Rosario; sino que nos deja a un parásito, maestro de la UNAM, que aprovecha cuanta oportunidad tiene para pintarle el cuerno a Rosario, con alumnas deseosas de descubrir mundo.

Hubiera querido ver un poco más de su lucha por los derechos de las mujeres y del mundo indígena que la inspiró, su relación con otros personajes contemporáneos que la admiraban y su vida post Ricardo, que también es bastante relevante, es decir, su relación con el mundo. Porque dicho sea de paso, pareciera que según la película, era una mujer sufrida y escribía poemas, aunque un acierto fue el tomar algunos fragmentos de sus obras para mostrarlos a lo largo de la película.

Lo último, que no sé si sea prejuicio mío, pero sobre todo en los actores jóvenes con un marcado acento al hablar, que parecía sacado de alguna zona pudiente de la Ciudad de México. Por favor unas clases de dicción.

En resumen, que tomaron a una Diosa de las letras y nos dieron a cambio un relato digno de culebrón vespertino. No hay que quitar el mérito del intento a hacer historias distintas en el cine mexicano, pero me cuestiona mucho quienes están haciendo cine en nuestro país y la finalidad de sus creaciones. Sugiero corran a comprar los libros de Rosario Castellanos y hagámosle justicia leyéndola, es el mejor homenaje que se puede hacer.

Popular Posts