Esperanza.
Esperanza es un señor taxista en la Ciudad de México. Casi toda su vida ha transcurrido ahí, aunque su familia es de Oaxaca. Es un señor entrado en años, aunque no podría decir cuál es su edad. Antes de llevarme, estaba sentado en el sitio leyendo El zarco. Empezamos a platicar de la vida de Ignacio Manuel Altamirano y la importancia de no juzgar por las apariencias.
Esperanza me cuenta que le encanta leer pero lamenta no haber empezado antes. Cursó la escuela en partes. Cuando terminó la primaria, sus papás le dijeron que no podían pagar la secundaria y debía empezar a trabajar. Esperanza no juzga a los chicos que no quieren estudiar, porque en este país no es fácil estudiar mientras tienes carencias y tu estómago tiene hambre. Sus papás no estudiaron y por eso también comprende que muchos padres no puedan transmitir a sus hijos el amor a la escuela, aunque ya de adulto lo valoras más. Cuando tuvo oportunidad terminó su secundaria, siguió trabajando y cinco años después hizo su vocacional y una carrera técnica.
Esperanza, me platica de lo difícil que a veces es la vida y como eso mina el amor en una pareja. También me dice que escribe y quisiera tener tiempo para narrar la historia de sus padres. ¡Tiene tanto que contar de ellos! Me comparte algunos fragmentos, pero también me confiesa apenado que no le alcanza el tiempo para hacerlo y además llega muy fatigado del trabajo. Esperanza es un taxista platicador, pero su charla no me incomoda, al contrario, me provoca querer saber más.
Esperanza dice que también estudió arte dramático y eso le ha hecho una persona más abierta. Por la emoción en su voz sé que es verdad. Llegamos a nuestro destino. Esperanza me dice que ojalá coincidamos en otro viaje para seguir platicando. Yo le contesto que se dé tiempo de escribir para cuando eso suceda.
Esperanza es un señor taxista en la Ciudad de México y le hace honor a su nombre.