Lazos... o la culpa es de Pedro Guerra


Hay una canción llamada “Lazos” de Pedro Guerra, habla de que a veces las personas se entregan sin medida, sin ver las consecuencias de ello, pero todo cambia y algunas veces en nuestro afán de asir tiempos o personas se terminan forzando los lazos.

Aunque no parezca, las personas vamos por la vida recolectando momentos y sabiduría de quienes pasan en nuestra vida, consciente o inconscientemente, pedazos de luz. Leí en algún lugar que somos como millares de hojas de un árbol viejo, más cercanas a las hojas con las que compartimos el tallo pues con ellas tenemos vivencias del alma, nos alimenta lo mismo y nos conocemos, nos reconocemos, pero no somos únicas hojas. Luego el viento nos arrancará y llevará lejos, jugará con nosotros y como hojas del mismo tallo iremos buscándonos, persiguiendo coincidir alguna tarde, quizás el mismo viento nos una nuevamente… quizás no. Encuentros y desencuentros de hojas al aire. Después habremos de partir, ser alimento y nutriente de nuestro árbol viejo. Alguna primavera acaso volvamos a brotar nuevamente en él, renuevos de hojas.

También creo que el tiempo siempre es el preciso, las cosas suceden cuando deben suceder, somos nosotros los que le damos ese sentido de fatalidad. La vida es simple y sencilla, las cosas son o no son. Nosotros solemos complicar todo. Sin embargo, es importante soltar, fluir, dejar espacios vacíos para que la vida los llene con amor.

En música se aprenden muchas cosas, entre ellas el valor del tiempo y de los silencios, cada nota tiene una duración y no se puede extender o se pierde el ritmo de la melodía y la pieza no sería la misma. Cada silencio es muchas veces más importante que el sonido. Puede ser sumamente corto casi imperceptible, amplio y notorio o siguiendo a las notas nos precipita al final. Al cantar, es la pausa que nos lleva a aspirar el aire necesario para la nota adecuada y otras veces es el preámbulo de algo más rico en sonidos. Por eso es importante dejar de temer al silencio.

Y así entre melodías, vienen y van los pensamientos. Somos como hojas, somos como canciones, como luces o como sombras, somos y podemos ser tantas cosas… y queda tanto por descubrir. ¡Qué maravilla!

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