En este lado del camino
Las fronteras, esos límites imaginarios y/o físicos, son mucho más difíciles de distinguir cuando se trata de las fronteras de las personas. De los límites del espacio personal a los límites de la consciencia. Muchas, ni siquiera tienen la posibilidad de elegir en donde estar, a donde partir o permanecer. Las condiciones están predeterminadas por los privilegios o la carencia de ellos.
Hace
algunos años, cuando viví en la ciudad de las dos mentiras, Villahermosa, (porque
ni es villa, ni es hermosa) pude conocer de cerca los desastres naturales y los
humanos. Debido a la lluvia intensa, los ríos estaban próximos a desbordarse. La
gente caminaba en la ribera vigilando la inminente inundación. Dependiendo de
qué extremo del río te encontraras es como continuaba tu existencia. De un lado
del Río Carrizal, la gente privilegiada se ejercitaba en el parque, comía en
los más lujosos restaurantes o simplemente paseaba tomándose la foto para el
face. Del otro lado del río la gente trataba de salvar lo poco que tenía, en improvisados
camiones de mudanza, poniendo costales con arena y sacando sus documentos más
importantes. Porque la instrucción del gobierno era romper el dique hacia la
zona pobre, dragar los ríos, desviar su curso e inundar las comunidades y no la
ciudad.
Yo me encontraba
justo a la mitad de ambos mundos. Vivía en el lado privilegiado, pero no podía
permanecer impávida al ver lo que ocurría al otro lado.
Estos
días raros, me regresaron a ese lugar y vuelvo sentirme
en la mitad de todo. Leo y escucho discursos vacíos, ensayados, ausentes de
realidad. No comprendo cómo hay quienes puedan negociar con la vida y la dignidad
de las personas. No me cabe en la cabeza que haya quienes puedan ser cómplices
de la podredumbre, con tal de disfrutar de los mismos privilegios.
Probablemente la mejor guía sea la
frase de Leonard Cohen: A veces uno sabe de qué lado estar, simplemente
viendo quiénes están del otro lado.