Certezas

 


Hay una canción llamada Certezas de Jugosos dividendos. Este verso pertenece a esa canción:

 

“Tengo un corazón que siento que aquí me bailará,

Y una relación que no sé si me desairará

Tengo unas horas.

Tengo unas horas, Tengo unos meses,

yo ya no sé ni que tengo a veces,

pero no tengo certezas.”


Siempre he anhelado tener certezas y por ello recuerdo esa canción tan de mi tierra.


Veo (en redes y sitios) discusiones siempre estériles, sobre lo que es el mundo, la vida, los derechos, el feminismo, me sorprenden las categóricas afirmaciones sobre los tópicos de los que opinan de lo que escriben. Yo no puedo hablar de lo que no conozco, ni de lo que no he vivido, me puedo acercar desde mi conocimiento teórico, pero dejaría de lado las voces de quienes las han vivido y eso se me hace profundamente egoísta.


Soy una mujer morena de mediana edad, sin más privilegio que poderme articular medianamente bien cuando ordeno algunas palabras. Es lo que aprendí a hacer desde muy pequeña y la única manera en que puedo explicarme el mundo que todos se empeñan en darme a conocer.


Pero asumo que no soy ni he sido, madre, lesbiana, trans, indígena (aunque mis raíces sí), prieta, pobre, trabajadora sexual, desplazada, presa, migrante y tantas situaciones que conozco desde un sitio seguro. Que acompaño, pero no se han alojado en mi piel.


Por ello me asustan las personas que tienen la palabra tan pronta para afirmar algo. Como dice una amiga muy querida: El privilegio de creer que tienes la verdad. En cierta forma es bueno no tener certezas, me anima a cuestionar todo y a no conformarme con la vida como es. Quien sabe, quizás el reino de la verdad sea de quien no sabe nada o de quien duda de todas esas certezas.

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